
1 MILLÓN DE CONSEJOS PARA SER INFELIZ...Y MEDIOS PARA CONTRARRESTARLO

¿Por qué decir nombres de dioses, astros
espumas de un océano invisible,
polen de los jardines más remotos?
Si nos duele la vida, si cada día llega
desgarrando la entraña, si cada noche cae
convulsa, asesinada.
Si nos duele el dolor en alguien, en un hombre
al que no conocemos, pero está
presente a todas horas y es la víctima
y el enemigo y el amor y todo
lo que nos falta para ser enteros.
Nunca digas que es tuya la tiniebla,
no te bebas de un sorbo la alegría.
Mira a tu alrededor: hay otro, siempre hay otro.
Lo que él respira es lo que a ti te asfixia,
lo que come es tu hambre.
Muere con la mitad más pura de tu muerte.
Qué ruido tan triste el que hacen dos cuerpos cuando se aman,
parece como el viento que se mece en otoño
sobre adolescentes mutilados,
mientras las manos llueven,
manos ligeras, manos egoístas, manos obscenas,
cataratas de manos que fueron un día
flores en el jardín de un diminuto bolsillo.
Las flores son arena y los niños son hojas,
y su leve ruido es amable al oído
cuando ríen, cuando aman, cuando besan,
cuando besan el fondo
de un hombre joven y cansado
porque antaño soñó mucho día y noche.
Mas los niños no saben,
ni tampoco las manos llueven como dicen;
así el hombre, cansado de estar solo con sus sueños,
invoca los bolsillos que abandonan arena,
arena de las flores,
para que un día decoren su semblante de muerto.
Al fin y al cabo uno es piedra tallada por el tiempo,
viento que será olvidado cuando el llanto cese,
polvo que ha de formar templos,
restos de agua que inundará el desierto.
Es que cansada mi estrella de vagar refugiará el pasado tras las nubes,
vacío, el sol le negará su nombre,
la vestirá de olvido y desamparo.
Al fin y al cabo mi voz sólo es fuego que se extingue,
firmamento despojado de sus lunas,
rocío que alguna vez dio vida
e irá descansar bajo la tierra.
19 de agosto de 2008
Y sólo sé que no fui yo la que rompió la puerta al paraíso,
-un trago de hiel,
dos tragos de celos,
un trozo de silencio guardado en la camisa.-
Marioneta sin dueño quiso ser mi sombra
encontrar un culpable en otro cielo,
fingir tener hilos de acero rodeando mi cintura,
correr con pies –de otro- ligeros.
Y sólo sé que no fue mi palabra la que trastornó al océano,
-ni mi equivocada idea de que la verdad redime-
19 de agosto de 2008
