martes, 31 de marzo de 2009

CONSTANTINO CAVAFIS

POEMAS CANÓNICOS (1895-1915)


LA CIUDAD
Dijiste: "Iré a otra ciudad, iré a otro mar.
Otra ciudad ha de hallarse mejor que ésta.
Todo esfuerzo mío es una condena escrita;
y está mi corazón - como un cadáver - sepultado.
Mi espíritu hasta cuándo permanecerá en este marasmo.
Donde mis ojos vuelva, donde quiera que mire
oscuras ruinas de mi vida veo aquí,
donde tantos años pasé y destruí y perdí".
Nuevas tierras no hallarás, no hallarás otros mares.
La ciudad te seguirá. Vagarás
por las mismas calles. Y en los mismos barrios te harás viejo
y en estas mismas casas encanecerás.
Siempre llegarás a esta ciudad. Para otro lugar -no esperes-
no hay barco para ti, no hay camino.
Así como tu vida la arruinaste aquí
en este rincón pequeño, en toda tierra la destruiste.

martes, 17 de marzo de 2009

NO ES DE POLVO.

No es de polvo este silencio que vengo cargando desde niña, ni de agua entre piedras el miedo que una vez tuve. No es que la noche caiga plateada en los recodos de mi rostro o que el tiempo bañe con su piel la cama en que cada noche muero. Es sólo que a veces esta insignificancia, este dolor que llaman vida surge de pronto, me golpea en los nudillos, grita mi nombre con violencia, es y no es lo que tanto esperaba, es sólo que a veces esta piedra que rueda me persigue, consigue alcanzarme y me derrumba.



PARA LLORAR- VICENTE HUIDOBRO

Es para llorar que buscamos nuestros ojos

Para sostener nuestras lágrimas allá arriba

En sus sobres nutridos de nuestros fantasmas

Es para llorar que apuntamos los fusiles sobre el día

Y sobre nuestra memoria de carne

Es para llorar que apreciamos nuestros huesos y a la muerte sentada

[junto a la novia

Escondemos nuestra voz de todas las noches

Porque acarreamos la desgracia

Escondemos nuestras miradas bajo las alas de las piedras

Respiramos más suavemente que el cielo en el molino

Tenemos miedo

Nuestro cuerpo cruje en el silencio

Como el esqueleto en el aniversario de su muerte

Es para llorar que buscamos palabras en el corazón

En el fondo del viento que hincha nuestro pecho

En el milagro del viento lleno de nuestras palabras

La muerte está atornillada a la vida

Los astros se alejan en el infinito y los barcos en el mar

Las voces se alejan en el aire vuelto hacia la nada

Los rostros se alejan entre los pinos de la memoria

Y cuando el vacío está vacío bajo el aspecto irreparable

El viento abre los ojos de los ciegos

Es para llorar para llorar

Nadie comprende nuestros signos y gestos de largas raíces

Nadie comprende la paloma encerrada en nuestras palabras

Paloma de nube y de noche

De nube en nube y de noche en noche

Esperamos en la puerta el regreso de un suspiro

Miramos ese hueco en el aire en que se mueven los que aún no han nacido

Ese hueco en que quedaron las miradas de los ciegos estatuarios

Es para poder llorar es para poder llorar

Porque las lágrimas deben llover sobre las mejillas de la tarde

Es para llorar que la vida es tan corta

Es para llorar que la vida es tan larga

El alma salta de nuestro cuerpo

Bebemos en la fuente que hace ver los ojos ausentes

La noche llega con sus corderos y sus selvas intraducibles

La noche llega a paso de montaña

Sobre el piano donde el árbol brota

Con sus mercancías y sus signos amargos

Con sus misterios que quisiera enterrar en el cielo

La ciudad cae en el saco de la noche

Desvestida de gloria y de prodigios

El mar abre y cierra su puerta

Es para llorar para llorar

Porque nuestras lágrimas no deben separarse del buen camino

Es para llorar que buscamos la cuna de la luz

Y la cabellera ardiente de la dicha

Es la noche de la nadadora que sabe transformarse en fantasma

Es para llorar que abandonamos los campos de las simientes

En donde el árbol viejo canta bajo la tempestad como la estatua del mañana

Es para llorar que abrimos la mente a los climas de impaciencia

Y que no apagamos el fuego del cerebro

Es para llorar que la muerte es tan rápida

Es para llorar que la muerte es tan lenta